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No prepares 2026 como preparaste 2025

Por Carlos Miranda Levy · 30 de agosto de 2026

Cada septiembre preparamos el curso como preparamos el anterior: mochila, uniforme, horarios. Este año eso no alcanza. Ha pasado mucho desde el año pasado y sigue pasando — con la IA y otras tendencias. No para entrar en pánico (esa alarma tiene 2,400 años y siempre se equivoca), sino para entrar despiertos: la pregunta de la bicicleta, la pregunta del mapa, la política de IA de tu escuela y el canal de casa que este año compite con un chatbot.

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Cada año preparamos el inicio del curso igual que el anterior: mochila nueva, uniforme una talla más, horarios en la nevera. Y funciona — porque la escuela de un año suele parecerse a la del anterior. Este año, no. Primero, bajemos el pánico. Cada vez que una tecnología nueva entra al aula suena la misma sirena: «esto va a destruir el aprendizaje». Esa alarma tiene dos mil cuatrocientos años — Sócrates la dio contra la escritura — y siempre se ha equivocado. Ahora imagina dos niños con la misma bicicleta eléctrica. Uno deja que la bici haga todo: no pedalea, no se cansa — y no se fortalece nunca. El otro pedalea igual que siempre, y sube montañas que antes no podía. Misma bici, dos futuros. La IA es esa bicicleta. La conversación de este año no es «¿usaste IA?» — la respuesta va a ser sí. Es: ¿pedaleaste? ¿Qué pusiste tú? ¿Qué sabes hacer hoy que ayer no? Cuando yo era niño, todos copiamos el mapa de África de un libro — y ningún maestro lo llamó plagio. Porque el mapa nunca fue el punto: el punto era aprender los ríos al calcarlos. Ante cada tarea con IA, pregunta eso: ¿qué era el mapa esta vez? Tres cosas sí cambiaron: tu escuela ya tiene —o debería tener— una política de IA: pregúntala. Las reglas de teléfonos se movieron: conócelas. Y la IA ya no es solo herramienta: también es compañía. El canal de casa compite este año con un interlocutor que responde siempre. Conocer de verdad a tu hijo — eso solo lo haces tú. Y la regla de la casa: nada lleva tu nombre sin que lo hayas verificado. Si no lo entiendes, no es tuyo. La mochila se compra igual que siempre. Las preguntas, no.

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Cada año preparamos el inicio del curso más o menos como preparamos el anterior: mochila nueva, uniforme una talla más, horarios en la nevera, la promesa de acostarse temprano. Y funciona, porque la escuela de un año suele parecerse bastante a la del anterior.

Este año no me sirve esa receta, y creo que a ti tampoco. En 2026, los maestros no deberían prepararse para enseñar como lo hicieron en 2025. Y los padres no deberíamos preparar 2026 como preparamos 2025. Ha pasado mucho desde el año pasado, y sigue pasando — con la inteligencia artificial y con todo lo que se mueve alrededor de ella.

Que nadie lea aquí una alarma. Es exactamente lo contrario.

Primero, bajemos el pánico (tiene 2,400 años)

Cada vez que una tecnología nueva entra al aula, suena la misma sirena: «esto va a destruir el aprendizaje, los estudiantes ya no van a pensar». La primera vez que se escuchó fue hace unos 2,400 años — Sócrates la dio contra la escritura: decía que atrofiaría la memoria. Después sonó contra la imprenta, contra la calculadora, contra la computadora personal, contra Internet. Siempre con la misma seguridad. Siempre equivocada — no porque las tecnologías fueran inofensivas, sino porque el aprendizaje nunca dependió de la herramienta: dependió de cómo la usamos. Lo escribí con calma y con fuentes en mis ensayos sobre IA y educación, y la conclusión sigue en pie: el pánico nunca ha sido un buen plan de curso.

Así que no: la IA no viene a criar a tus hijos ni a vaciarles la cabeza. Pero tampoco es 2019, y prepararse como si lo fuera es el otro error.

La pregunta de la bicicleta

Imagina dos niños con la misma bicicleta eléctrica. Uno deja que la bici haga todo: no pedalea, no se cansa — y no se fortalece nunca. El otro pedalea igual que siempre, y la bici lo lleva más lejos: sube montañas que antes no podía. Misma bici, dos futuros. La IA es esa bicicleta, y este curso tu hijo va a decidir —tarea por tarea, casi sin darse cuenta— cuál de los dos ciclistas es.

La bici no decide. El diseño del uso, sí. Y ese diseño es trabajo nuestro — de la escuela y de la casa —, no del niño. La conversación de este año no es «¿usaste IA?» (la respuesta va a ser sí, cada vez más). Es: «¿pedaleaste?» ¿Qué pusiste tú? ¿Qué entendiste? ¿Qué sabes hacer hoy que ayer no?

La pregunta del mapa

Cuando yo era niño, todos copiamos alguna vez el mapa de África de un libro — los ríos, los países, el contorno — y ningún maestro lo llamó plagio. Porque el mapa nunca fue el punto: el punto era pasar una tarde con los ríos de África, y al calcarlos, aprenderlos. La tarea no era el dibujo; era lo que el dibujo te dejaba.

Esa historia vieja es la llave de la tarea de 2026. Cuando tu hijo llegue con un trabajo hecho «con ayuda de la IA», la pregunta que sirve no es si la usó, sino: ¿qué era el mapa esta vez? ¿Qué venía a dejarle esta tarea — y se lo dejó? Si la respuesta es sí, la herramienta dio igual, como dio igual el papel de calcar. Si la respuesta es no, el problema tampoco es la herramienta: es que la tarea se quedó sin su punto — y eso hay que hablarlo, con el hijo y a veces con la escuela.

Lo que sí cambió desde el año pasado

Tres cosas concretas que este inicio de curso trae distintas, y qué hacer con cada una:

Las escuelas ya tienen (o deberían tener) una política de IA. Pregunta por la de la tuya en la primera reunión, con la misma naturalidad con que preguntas por el uniforme: ¿qué está permitido, en qué asignaturas, cómo se declara? Si la respuesta es «no tenemos», eso también es información — y una buena conversación pendiente entre padres y escuela.

Las reglas sobre teléfonos se movieron. En muchos sistemas escolares las restricciones se ampliaron, y es probable que la política de tu escuela no sea la del año pasado. Conócela antes de que la estrene tu hijo, y alinea las reglas de casa con ella: nada confunde más que dos leyes contradictorias sobre el mismo aparato.

La IA dejó de ser solo herramienta: ahora también es compañía. Muchos chicos volvieron del verano usando chatbots no solo para la tarea sino para conversar — un confidente que responde siempre, al instante, sin juzgar. No entro en pánico por eso (ya dije de qué tamaño es la historia de ese pánico), pero sí saco una conclusión práctica: el canal de casa compite este año con un interlocutor infinitamente disponible. La vieja receta de contar tu día tú primero, de escuchar sin interrogar, de cavar el canal a los siete años para usarlo a los quince — este año importa más, no menos. Un chatbot puede responderle siempre; conocerlo de verdad, solo tú.

La regla de la firma

Una última, que en casa es ley y en mi trabajo también: la IA produce cosas pulidas y equivocadas — me ha pasado a mí, con una infografía preciosa que no publiqué porque no era del todo cierta y no era del todo mía. La regla que le dejo a mi casa y a la tuya: nada lleva tu nombre sin que lo hayas verificado, y si no lo entiendes, no es tuyo. Sirve para la tarea de tu hijo hoy y para su trabajo dentro de veinte años.


Los maestros que van a hacer un gran 2026 no son los que prohibieron más ni los que se rindieron más: son los que rediseñaron sus preguntas — a ellos les escribí aparte su lado de este artículo: «El programa vencido: por qué no podemos enseñar en 2026 como enseñamos en 2025». A los padres nos toca lo mismo. La mochila se compra igual que siempre. Las preguntas, no.

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