Cerca de los grandes bulevares de París, un museo del chocolate reúne más de mil piezas antiguas de la historia del cacao, de los moldes de cobre a las tazas de los reyes. Hay talleres donde los niños templan chocolate y demostraciones que acaban, cómo no, en degustación.
El chocolate llegó a la corte francesa cuando la princesa española Ana de Austria se casó con Luis XIII en 1615; se cuenta que trajo consigo el gusto por beberlo. París lo convirtió en un lujo de reyes y luego en placer de todos.
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